El pasado  8 de marzo, se reivindicaba el día de la mujer trabajadora, y pensando en todas aquéllas que trabajamos en el ámbito deportivo, os voy a contar una historia.

Hace más de dos mil años, en las olimpíadas griegas, la participación de las mujeres estaba completamente prohibida incluso como espectadoras (salvo para la sacerdotisa Deméter Camine que lo hacía desde un puesto de honor: el altar), pero algunas se las ingeniaron para participar: fue el caso de las carreras de cuadrigas, (porque el vencedor era el propietario de los caballos y no quienes conducían). De este modo, Cinisca, hermana e hija de los reyes de Esparta, fue la primera campeona olímpica de la historia.

De aquellos tiempos sabemos que la primera entrenadora fue Calipatira, que consiguió acceder a Olimpia disfrazada de entrenador para seguir los progresos de su hijo Pisírrodo. Calipatira fue descubierta, pero absuelta porque era viuda y su padre, hermanos e hijo habían sido campeones olímpicos.

Pero las mujeres tuvieron sus celebraciones deportivas en Olimpia con las competiciones denominadas Juegos Hereos, en honor a la diosa Hera. Se celebraban cada cuatro años, al igual que los Juegos Olímpicos, y tenían lugar un mes antes o después de estos, porque competían en el mismo estadio que los hombres, aunque ligeramente reducido. Consistían en una carrera a pie que se dividía en tres tramos de edad; primero corrían las niñas, después las adolescentes y, por último, las mujeres jóvenes.

Llegado el siglo XIX, surgen los “Juegos Olímpicos de la Edad Moderna” pero para las mujeres seguiría siendo muy difícil participar, ya que el barón de Coubertin, impulsor de los juegos, consideraba que esta participación resultaba antiestética y carente de interés y su misión debía limitarse a aplaudir a los deportistas masculinos como gesto de recompensa. Finalmente, el deporte femenino no tuvo cabida en la capital griega en 1896, a pesar de que no existía una prohibición estricta para las mujeres.

En la segunda edición de los JJOO, en el año 1900 en París, pese a las reticencias del Barón de Coubertin, compitieron un total de veintidós mujeres en tenis, vela, croquet, hípica y golf. Únicamente el tenis y el golf tenían modalidades femeninas y la participación en vela, croquet e hípica se limitaba a pruebas mixtas.

En cuanto a las mujeres españolas en los JJOO, en 1924 compiten algunas y posteriormente surgen algunos clubes y asociaciones como el Club Femení i d’Esports en Barcelona (1928). Pero no fue hasta 1992 cuando el deporte femenino español consiguió su despegue definitivo. Y desde ese momento no ha parado de crecer tanto el número de deportistas como medallas que han conquistado.

Desde 1900 que fueron el 2,2% del total de deportistas, a las últimas olimpiadas del año 2016, con una presencia fue del 45%, el deporte femenino ha ganado con mucho esfuerzo el derecho de participar. Un dato importante: todos los deportes que se quieran incluir en los juegos olímpicos, deben contar con la modalidad femenina.

¿Y qué pasó con las mujeres en el pádel?, comenzaron a jugar de forma simultánea a los hombres y aunque no es un deporte olímpico, se realizan campeonatos mundiales cada 2 años desde 1992. Es importante destacar que las jugadoras españolas han conseguido más campeonatos mundiales que sus compatriotas masculinos, situándose en lo más alto del podio de forma consecutiva desde 2014.

Sin embargo, debemos reconocer que aún tenemos reivindicaciones pendientes. Desde la diferencia entre los premios, hasta el horario de retransmisión de los partidos, o incluso en la distribución de las pistas.

En cuanto a las entrenadoras, aún seguimos viendo pocas y eso tiene que ver con la formación. Según los datos del Anuario de Estadísticas Deportivas del año 2020, la cantidad de mujeres formadas en pádel hasta el año 2018 constituye el 9% del total y no todas han logrado trabajar como entrenadoras. En cuanto a las licencias federativas femeninas constituyen el 35,9% del total.

Es necesario que haya más mujeres, tanto deportistas como entrenadoras y jugadoras amateurs, para que las niñas y jóvenes vean que es posible trabajar en el ámbito deportivo, pero para ello también es imprescindible que las mujeres accedamos a los mismos salarios, premios y oportunidades que los hombres.

A nuestros compañeros, les decimos que sí, evidentemente hemos avanzado mucho, pero que no se asombren cuando afirmamos que para nosotras aún falta mucho por lograr y que pensamos que aún avanzamos muy lento.

Porque cuando hay ofertas de trabajo, queremos que se nos tenga en cuenta por nuestro CV y, por ejemplo, no nos encasillen a dar exclusivamente clases a niñas/os, porque el hecho de ser mujeres no significa que estemos cualificadas para esa tarea.

Esperamos que haya más entrenadoras y trabajen en lo que más les apasione, sin límites.

Anímate al pádel!!


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